
Editorial
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En esta entrevista Bem comenta la relación entre sus aportaciones científicas -el estudio psicológico de los roles sexuales a nivel tanto instrumental como conceptual- y su compromiso personal a favor de unas relaciones más igualitarias entre las personas, ofreciendo una visión comprehensiva de su evolución profesional y personal y repasando las cuestiones más interesantes de la etapa de estudios sobre androginia (1974–1979) y de su actual enfoque cognitivo. Tras comenzar explicando su formación y trayectoria científica, así como las motivaciones que han guiado su trabajo, la autora realiza un análisis crítico del Bem Sex Role Inventory (BSRI). Seguidamente profundiza en diversos aspectos del concepto “androginia” acuñado por ella y explica las razones por las que a partir de 1979 los sujetos tipificados sexualmente se convierten en el blanco de su teoría sobre el esquema cognitivo del género, así como la caracterización de los conceptos masculinidad y/o feminidad como constructos cognitivos. La entrevista finaliza con algunas alusiones acerca de cómo educar a los niños de una “forma no esquemática” con respecto al género y señalando sus preocupaciones científicas más recientes en torno al concepto de género en los niños.
Los autores investigan la hipótesis de que los sujetos andróginos son más flexibles en su implicación y bienestar ante tareas que se tipifican culturalmente como pertenecientes al “otro” sexo. Comienzan repasando la literatura psicológica acerca de androginia psicológica y flexibilidad comportamental y seguidamente concretan sus hipótesis: comprobar que los individuos andróginos a) mostrarán una mayor implicación en tareas tanto masculinas como femeninas, b) preferirán en menor medida actividades apropiadas a su sexo y c) experimentarán un mayor bienestar psicológico al desarrollar este tipo de actividades que cualquier otro grupo de rol sexual. Tras describir el método y los resultados del trabajo, los autores ofrecen una discusión final de éstos, en la que destacan que su investigación parece confirmar los resultados de Bem: parece que es el rol sexual andrógino el que siente un mayor grado de bienestar al realizar conductas que son sancionadas socialmente como inapropiadas a su sexo y el que escoge un mayor número de este tipo de comportamientos. Los autores finalizan afirmando que también parece haber quedado respaldada la validez predictiva del Bem Sex Role Inventory.
En este artículo se constrasta la hipótesis de que existe una relación entre las orientaciones de roles sexuales de los miembros de parejas heterosexuales y el ajuste de dichas parejas. Comenzando con la exposición del panorama actual de las investigaciones sobre el tema y tras concretar los objetivos de su estudio, los autores describen el método y resultados del mismo. Finalmente en las conclusiones destacan que se ha visto confirmada la existencia de una posible relación entre las distintas orientaciones hacia el rol sexual de los sujetos y el modo en que éstos estiman su relación de pareja, siendo los hombres femeninos y las mujeres andróginas quienes por lo general informaban de mayor felicidad. Respecto a los tipos de parejas y el ajuste de las mismas, los autores afirman que sus objetivos parecen haberse confirmado ampliamente, ya que las parejas más ajustadas eran aquéllas en donde tanto un miembro como el otro habían sido categorizados como andróginos, o en donde al menos uno presentaba un alto grado de características tanto masculinas como femeninas.
El autor, tras constatar la necesidad de perspectivas propiamente evolutivas que conserven las aportaciones de la psicología diferencial, repasa estos enfoques evolutivos clásicos del desarrollo psicosexual destacando la teoría cognitiva propuesta por Kohlberg (1966). Seguidamente analiza tanto los intentos posteriores de perfeccionar estos enfoques desde el punto de vista psicoanalítico, conductista y cognitivo como la aparición de nuevas perspectivas desde comienzos de los setenta: los enfoques de la “trascendencia de los roles sexuales” y los del procesamiento de la información, ofreciendo las características fundamentales que los diferencian de los clásicos. El autor se pregunta si no sería conveniente una nueva elaboración teórica que tuviera en cuenta las directrices, preocupaciones y necesidades comunes de todos ellos considerando que, para ello, se necesita clarificar previamente la taxonomización terminológica, la contextualización de los distintos contenidos y la extensión a lo largo del ciclo vital. Tras desarrollar estas tres bases de fundamentación, finaliza esbozando un nuevo modelo evolutivo de tipificación sexual y de género en torno al cual ordenar y reinterpretar los hallazgos de las investigaciones sobre el tema.
El autor comienza exponiendo la evolución histórica del estudio de las diferencias entre sexos y los núcleos de interés desde 1959, destacando que desde la perspectiva biosocial el problema se centra actualmente en los intentos de una definición operativa de aspectos parciales del problema y sus posibles interacciones. Tras realizar un balance de los hallazgos actuales proporcionados por la aplicación del método descriptivo y analizando algunos de sus aspectos metodológicos, el autor se centra en las explicaciones biológicas de las diferencias desde tres vertientes: genética, bioquímica y neurológica. El artículo finaliza con las perspectivas futuras en el estudio del tema, destacando que los datos acumulados no ofrecen ninguna ley de carácter científico sino muy pocas generalizaciones que además tienen excepciones significativas. El autor sugiere que el problema fundamental es la definición operativa de la variable “sexo” y destaca la utilidad del lenguaje matemático en la construcción de un modelo más complejo y estructurado de las diferencias-semejanzas según el sexo.
