Abstract
Objetivo:
identificar el nivel de conocimientos sobre la COVID-19 que tiene la población adulta residente en Gijón (España) después de dos años de pandemia.
Métodos:
se realizó un estudio descriptivo transversal entre marzo del 2021 y marzo del 2022. Los datos se obtuvieron mediante un cuestionario telefónico sobre una muestra estratificada de tres zonas básicas de salud de Gijón, España (Calzada, Zarracina y Parque-Somió). El tamaño muestral se compuso de 305 personas. Se empleó el análisis ji-cuadrado para estudiar la relación entre variables categóricas y ANOVA para comparar las medias de la puntuación total por zona básica. Se realizaron regresiones logísticas para calcular las odds ratio entre la variable dependiente (poseer conocimientos avanzados) y las independientes (variables sociodemográficas). Se construyó un modelo predictivo entre la existencia o no de conocimiento avanzado y las variables independientes mediante regresión logística.
Resultados:
se encontraron diferencias en la puntuación media del nivel de conocimientos entre Parque-Somió y Calzada (p = 0.000) y Parque-Somió y Zarracina (p = 0.045), obteniendo mayor puntuación media la de Parque-Somió. Se observó una asociación entre el nivel de conocimientos y las variables medio de información utilizado (p = 0.018), edad (p = 0.036), zona básica de salud (p = 0.000), nivel educativo (p = 0.000) e historia previa de contacto estrecho (p = 0.004).
Conclusiones:
el nivel de conocimientos avanzado se presenta sobre todo en las zonas básicas de salud con mayor nivel socioeconómico, población con nivel educativo alto, de 25 a 45 años, que se ha informado por su entorno y con historia previa de seguimiento por ser contacto estrecho.
Introducción
La COVID-19 es una enfermedad altamente transmisible, con consecuencias que pueden poner en riesgo la vida de las personas, especialmente de aquellas con un sistema inmunológico comprometido o que presentan comorbilidades (1–4). La vacunación contra la COVID-19 es la estrategia esencial para superar la pandemia. Algunos estudios (5–11) han mostrado que, aunque la inmunidad producida por las vacunas disminuye con el tiempo, estas son efectivas para lograr menores tasas de infecciones, de hospitalizaciones y de muertes, así como para evitar que el virus siga reproduciéndose y evolucionando en formas más peligrosas.
Diversos estudios (12–15) han tratado de evaluar el nivel de conocimientos formales o científicos de diferentes poblaciones y el impacto favorable de las intervenciones educativas en el nivel de conocimientos y, con ello, la percepción del riesgo. Jia et al. (14), en su estudio transversal, evaluaron el nivel de conocimientos que tenían los estudiantes universitarios en China durante el confinamiento tras el inicio de la pandemia, observando que el nivel era bueno. Díaz-Rodríguez et al. (15) evaluaron el impacto de una intervención educativa sobre el nivel de conocimientos de la COVID-19 en adultos mayores, tras la cual se apreció un impacto favorable sobre el nivel de conocimientos.
El método de plantear conjeturas y refutarlas desarrollado por Popper (racionalismo crítico) puede ser útil para configurar prácticas pedagógicas interesantes que promuevan el pensamiento crítico y el desarrollo del conocimiento científico en la población general, lo que permitiría alcanzar, en la población general, la participación en la vida social, el crecimiento personal, la autonomía y la libertad (16).
El objetivo de este estudio fue evaluar el nivel de conocimientos formales o científicos sobre la COVID-19 tras dos años de pandemia en las personas residentes en Gijón (España).
Material y métodos
Diseño del estudio y participantes
Se realizó un estudio transversal sobre las 72 159 personas con edades comprendidas entre los 14 y los 64 años usuarias de la red de atención primaria de las zonas básicas de salud V.2 (Calzada), V.10 (Zarracina) y V.11 (Parque-Somió) del área sanitaria V del Principado de Asturias (España). Del total de la población, se extrajo una muestra estratificada por cada centro de salud (C.S.), con un nivel de confianza del 95 %, un error del 4 % y un valor π = 0.5. Además, se añadió un 20 % adicional para contrarrestar posibles pérdidas. El tamaño muestral, finalmente, se compuso de 305 personas. Posteriormente, mediante muestreo aleatorio estratificado, se contactó con las 305 personas mediante llamada telefónica en los meses de diciembre del 2021 y enero del 2022. Como criterio de exclusión se estableció la dificultad para hablar y comprender el idioma español.
El estudio contó con la aprobación del Comité de Ética de la Investigación del Principado de Asturias (España), con el código 2021.302.
Variables de estudio
Conocimientos sobre COVID-19
Se utilizó un cuestionario ad hoc (Anexo 1), al no existir cuestionarios validados. Para la elaboración del cuestionario se utilizaron, como fuentes de información, los documentos disponibles para la ciudadanía publicados en la página web del Ministerio de Sanidad de España (17). El cuestionario constó de 10 preguntas relativas a los signos y a los síntomas de la enfermedad, a su mecanismo de transmisión, a la prevención, a las medidas de aislamiento y al diagnóstico y la vacunación. Estas preguntas eran cerradas, con varias opciones de respuesta y solamente una válida. Se otorgó un punto por cada acierto y cero puntos en caso de error. A partir de 5 o más puntos, se consideraron “conocimientos suficientes” y, además, si contestaba correctamente las preguntas 3, 4 y 6, se consideró que el participante poseía “conocimientos avanzados”, puesto que abordaban los aspectos que mayores dudas e incertidumbre suscitaban entre la población atendida por los investigadores en sus centros de trabajo.
Otras variables
Se evaluaron características sociodemográficas, como centro de salud de pertenencia (Calzada/Zarracina/Parque-Somió), sexo (mujer/hombre), edad categorizada (14-24 /25-45 /46-64), nivel máximo de estudios alcanzado (sin estudios/educación básica, bachiller/formación profesional/universitario/postgrado), ser o no contacto estrecho de un caso COVID positivo, haber sido o no diagnosticado de COVID positivo, medio de in-formación más utilizado para obtener información sobre la COVID-19 (televisión/prensa escrita/radio/páginas web de internet/redes sociales/entorno o comunidad).
Análisis estadístico
Se calcularon frecuencias relativas (%) para las variables categóricas y medidas de tendencia central y dispersión (media y desviación estándar, DE) para las cuantitativas.
Para estudiar la relación entre variables cate-góricas, se empleó la prueba de ji-cuadrado. Para comparar las medias de la puntuación total por centro de salud, se utilizó el análisis de la variancia (ANOVA). En los resultados estadísticamente significativos se ejecutaron contrastes a posteriori mediante comparaciones múltiples con la corrección de Bonferroni. Se aplicó la prueba t de comparación de medias por sexo para cada centro de salud. Se realizaron regresiones logísticas para calcular las odds ratio (OR) entre la variable dependiente y las diferentes variables independientes. La variable dependiente fue la existencia o no de conocimientos avanzados sobre la COVID-19 (se consideró un conocimiento avanzado la respuesta correcta a las preguntas 3, 4 y 6, además de una puntuación igual o superior a 5 en el global de conocimientos). Las variables independientes fueron el centro, el sexo, la edad categorizada, el medio mediante el que más se informó sobre la COVID-19 durante la pandemia, si padeció COVID-19 o no y si fue contacto estrecho o no de una persona con COVID-19. Se construyó un modelo predictivo entre la existencia o no de conocimiento avanzado y las variables independientes mediante regresión logística mediante el procedimiento de exclusión secuencial (backward elimination). El poder predictivo del modelo se valoró mediante el área bajo la curva ROC (AUC): se consideró “buen poder predictivo” un valor de AUC entre 0.80 y 0.89, y “excelente poder predictivo” un valor de AUC igual o superior a 0.90. Para detectar colinealidad se aplicó el factor de incremento de la variancia (VIF), aceptándose como adecuados los valores inferiores a 10 en cada variable del modelo finalista. Para valorar la calibración del modelo finalista se aplicó la prueba de Hosmer-Lemeshow. Se consideró un nivel de significación de p < 0.05 (excepto para la prueba de Hosmer-Lemeshow, en la que se consideró un nivel de significación de p < 0.10) y un índice de confianza del 95 %. Se empleó el programa estadístico Stata v. 15.0 (Stata Corp., College Station).
Resultados
En la Tabla 1 se muestran las características sociodemográficas, de morbilidad y el nivel de conocimientos adquiridos de la muestra de estudio. De las 305 personas que formaron la muestra, 174 (57.05 %) eran mujeres. Del total, 127 (41.64 %) pertenecían a la zona básica de salud de Calzada, 68 (22.30 %) a la zona básica de salud de Zarracina y 110 (36.07 %) a la zona básica de salud de Parque-Somió.
Descripción de la muestra según las características sociodemográficas.
Se observó, de manera generalizada, una mayor proporción de contactos estrechos en la zona básica de salud de Calzada (16.39 %), así como de personas que fueron diagnosticadas de COVID-19 (10.82 %). Las zonas básicas de Zarracina y Parque-Somió tuvieron menor proporción tanto de contactos estrechos (4.92 % y 14.15 % respectivamente) como de casos confirmados (2.95 % y 8.85 % respectivamente).
En cuanto a los resultados del cuestionario, la zona básica de salud de Parque-Somió consiguió una puntuación media de 8.27 puntos (DE = 1.32), mientras que los centros de salud de Zarracina y Calzada obtuvieron puntuaciones medias inferiores (7.85 puntos; DE = 1.21 y 7.82 puntos; DE = 1.26, respectivamente). En la Tabla 2 se indican las puntuaciones medias de conocimiento y las desviaciones estándar estratificadas por sexo y zona básica de salud y por sexo en el conjunto de la población estudiada, así como el resultado de la prueba t de medias y su valor p. Se compararon las puntuaciones medias entre los tres centros, una vez aplicados los contrastes a posteriori de Bonferroni tras la prueba ANOVA, y se observaron diferencias estadísticamente significativas entre las zonas básicas de Parque-Somió y Calzada (p < 0.000) y entre las zonas básicas de salud de Parque-Somió y Zarracina (p = 0.045).
Puntuaciones medias de conocimiento y DE estratificadas por sexo y zona básica de salud y por sexo en el conjunto de la población estudiada, así como el resultado de la prueba t de medias y su valor p.
Se observó una asociación estadísticamente sig-nificativa entre un nivel avanzado de conocimientos y las siguientes variables: el medio de información utilizado (ji cuadrado = 13.645; p = 0.018), el grupo de edad (ji cuadrado = 6.625; p = 0.036), la zona básica de salud a la que pertenecen (ji cuadrado = 15.370; p = 0.000), el nivel educativo (ji cuadrado = 35.946; p = 0.000) y la historia previa de contacto estrecho (ji cuadrado = 8.113; p = 0.004). No se observó asociación para el sexo e historia previa de caso confirmado. Específicamente, las preguntas consideradas de mayor dificultad en el cuestionario se asociaron signifi-cativamente con la zona básica de salud: concepto de contacto estrecho (Pregunta 3) (ji cuadrado = 13.608; p = 0.001); modo de prevención de contagio (Pregunta 6) (ji cuadrado = 10.376; p = 0.006). No obstante, no se observó ninguna asociación en relación con el tiempo de aislamiento (Pregunta 4) (ji cuadrado = 5.489; p = 0.064).
La Tabla 3 muestra las OR de la asociación de las variables sociodemográficas y el nivel de conocimientos de la muestra estudiada. En la Tabla 4 se muestran los coeficientes b del modelo finalista predictivo de poseer conocimientos avanzados, así como sus IC 95 %, los valores p obtenidos y los valores VIF. El área bajo la curva ROC fue del 92 %. En el modelo finalista, el valor p para la prueba de Hosmer-Lemeshow fue de 0.773, por lo que el modelo predictivo tiene un buen ajuste.
Odds ratio de conocimiento avanzado sobre COVID-19 según las características demográficas.
Valor estadísticamente significativo (p < 0,05).
Coeficientes b, intervalos de confianza y valores p del modelo predictivo obtenido mediante regresión logísitica.
Valor estadísticamente significativo (p < 0,05).
Discusión
Los datos obtenidos en este trabajo son concordantes con los encontrados en otros estudios similares. Siddiqui et al. (18) realizaron una encuesta basada en los consejos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) a 443 personas que vivían en Arabia Saudí, y observaron que el nivel de conocimientos variaba entre zonas. Bates et al. (19) realizaron una encuesta de conocimientos, actitudes y prácticas en Ecuador durante un brote de COVID-19, en el que se mostró un nivel de conocimientos moderado-alto. Baldassarre et al. (20) concluyeron que los factores sociodemográficos y económicos influían en el nivel de conocimientos. Maurya et al. (21) realizaron un cuestionario sobre conocimientos, actitudes y prácticas en profesionales de la salud de India, que obtuvo un nivel de conocimientos alto. Esto puede ser debido a que las personas con niveles educativos superiores están más entrenadas en la utilización de fuentes de información fiables y actualizadas, y que además tienen una mayor capacidad para discernir resultados controvertidos o falsa información, como observaron Zhou et al. (22).
En este estudio, la franja de edad entre 25-45 años presentó mayor nivel de conocimientos. Sin embargo, Corrales-Reyes et al. (23), en su estudio transversal analítico en adultos, asociaron este mayor nivel de conocimientos a grupos de menor edad, mientras que Esquivel Riveros y González (24) no encontraron asociación con la edad en su estudio, realizado en personas mayores de 15 años. En los estudios consultados no hubo una forma homogénea de categorizar la edad, por lo que resulta difícil establecer un criterio a la hora de explicar la variabilidad de los resultados.
En el presente trabajo, la fuente de información que más se asoció al nivel avanzado de conocimientos fue el entorno o la comunidad, seguida por la televisión. Zhou et al. (22) observaron en su estudio, sobre una muestra de 4 788 participantes, que la principal fuente de información empleada y con mejores resultados sobre el nivel de conocimientos fue la televisión y que las personas que se informaron a través de expertos mostraron mayor capacidad de discernir la información adecuada en las noticias.
En cuanto a los niveles de conocimientos relacionados con la morbilidad, no se encontraron estudios hasta la fecha que aborden la asociación entre historia previa de COVID-19 (bien sea caso confirmado o contacto estrecho) y nivel de conocimientos. En este estudio, la historia previa de contacto estrecho se asoció a un nivel mayor de conocimientos, al contrario de la historia previa de caso confirmado, donde no se encontró dicha asociación. Este fenómeno podría deberse a que al aumentar el miedo al contagio, estas personas buscaran activamente información sobre el tema. En este sentido, Jia et al. (14) observaron, en su estudio transversal sobre conocimientos, actitudes y prácticas en estudiantes universitarios, un nivel elevado de conocimientos en aquellas situaciones de mayor incidencia /severidad de la pandemia.
En este trabajo no se encontró asociación entre el sexo y el nivel de conocimientos. Sin embargo, Jia et al. (14) y Rivera Diaz et al. (25) relacionaron el pertenecer al sexo femenino con un mayor nivel de conocimientos.
A pesar de que un aumento de los conocimientos suele relacionarse con una mejoría en las prácticas cotidianas de las personas, no en todos los casos es así. Beltrán et al. (26), en su estudio, comprobaron que los cambios de hábitos respecto a la COVID-19 que apelaban a lo grupal y a la socialización presentaban más resistencia y dificultad para su realización. La OMS señaló que una adecuada información sobre la COVID-19 permite a la población adquirir conocimientos sobre los aspectos fundamentales de la misma (27). Llanos et al. (28) consideraron que los conocimientos influyen en las creencias y en las actitudes que la persona manifiesta frente a la pandemia de la COVID-19. Ruiz-Aquino et al. (29) observaron una relación directa y estadísticamente significativa entre aspectos cognoscitivos insuficientes y actitudes desfavorables hacia la enfermedad. Azlan et al. (30), en su estudio realizado en Malasia, concluyeron que la población de este país poseía unos conocimientos aceptables sobre la COVID-19 y, por ende, una actitud positiva en su perspectiva de superar la crisis ocasionada por la pandemia. Sin embargo, en otro estudio (31) se señaló que, ante la percepción de desconocimiento, mejoran las actitudes hacia la COVID-19, lo que podría estar relacionado con que las personas con menor nivel de educación, con escaso acceso a una diversidad de información sobre la COVID-19 o simplemente que no han recibido la información oportuna, solo conocen las medidas básicas para el control efectivo de la propagación de la enfermedad.
El nivel de conocimientos formales o científicos no siempre es suficiente, aunque sí necesario, para lograr que la población entienda el riesgo, en este caso, que entraña una enfermedad transmisible (ET). El problema del riesgo ante una ET se encuentra en función de la idea de contagio y de la interrupción de la vida cotidiana. El peligro y las posibilidades de contraer una ET (para contagiarse) se asocian con la cognición cotidiana que permite entender la salud y la enfermedad dentro de lógicas asociadas a la historia de vida y no a la idea de estilo de vida o comportamientos de riesgo (32).
Para Freire (33), la educación debe comenzar por la superación de la contradicción educador-educando en la que el primero hace comunicados, es quien escoge el contenido pragmático, quien tiene la autoridad, quien piensa, mientras el educando obedece y acepta sin ningún tipo de participación en el proceso. No existe creatividad en esta práctica y, por tanto, no hay transformación ni saber. Abundando en ello, señaló que los educandos solo memorizan los conceptos dados, sin cuestionar o verificar la información recibida (educación bancaria).
En la idea de cambio social y de control del riesgo, el proceso de enseñanza-aprendizaje emerge como categoría necesaria y como un escenario privilegiado para la intervención. Sin embargo, es en este punto donde se debe pensar sobre qué se busca intervenir: la identificación y la intervención sobre factores de riesgo y, por ende, los determinantes de la enfermedad, no pueden ser separados de su carga sociopolítica, ya que intervenir sobre la salud y la enfermedad de una población implica visibilizar lo ausente en su cultura. El riesgo como probabilidad matemática es un término para reproducir modelos de intervención que no tienen en cuenta la complejidad de la salud y de la enfermedad y ayuda a explicar por qué pocos programas de control de ET han sido exitosos (32).
Este estudio presenta las siguientes limitaciones: teniendo en cuenta la naturaleza inherente de un estudio transversal, no es posible establecer una relación causal debido a que no se cumplen criterios de temporalidad y el cuestionario fue elaborado ad hoc, con los consiguientes condicionamientos que esto puede suponer. A pesar de estas limitaciones, y teniendo en cuenta las discrepancias halladas en la literatura, los resultados obtenidos abren futuras líneas de investigación para determinar si realmente un mayor nivel de conocimientos científicos y/o formales implican una mejor práctica de las medidas preventivas o terapéuticas frente a una enfermedad transmisible en general y frente a la COVID-19 en particular.
Conclusiones
El grupo de edad, el nivel de estudios, la zona básica de salud y la fuente de información fueron las variables que más se asociaron a un nivel alto de conocimientos en las personas residentes en Gijón (España). Las personas con historia previa de haber sido contacto estrecho mostraron un mayor nivel de conocimientos con respecto a las que no, al contrario de las personas con antecedentes de diagnóstico de COVID-19, que no obtuvieron mejores resultados.
Comprender o describir los conocimientos de la población sobre la COVID-19 y sus percepciones erróneas sobre esta enfermedad es de gran interés para las autoridades sanitarias a la hora de diseñar intervenciones educativas para prevenir la pro-pagación de la pandemia. En este sentido, los profesionales sanitarios desempeñan un papel im-portante en la actualización, difusión y educación de la población general.
Supplemental Material
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Supplemental material, sj-docx-1-ped-10.1177_17579759231204352 for Conocimientos sobre COVID-19 en población general adulta tras dos años de pandemia by Jennifer Ceñera Fernández, Laura González Esteban, Camino Moure García and y José Antonio Cernuda Martínez in Global Health Promotion
Footnotes
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