Abstract
The long-standing marginalization of highland Peru, coupled with the terrible violence of the 1980s and 1990s civil war, make it a difficult place for political mobilization. Nevertheless, one village successfully asserted its self-determination in the face of an exploitative political economy through conversion to Evangelical Christianity. A revolutionary cultural break from the mainstream created a vibrant local subculture that stressed brotherhood and provided meaning to adherents, allowing them to seize local opportunities to assert a more egalitarian social reality. While specific to this village’s conditions, these experiences speak to broader possibilities for innovative social change through novel combinations of cultural practices and political concerns.
La marginalización de larga data del altiplano peruano, junto con la terrible violencia de la guerra civil de las décadas de 1980 y 1990, dificulta la movilización política. Sin embargo, un pueblo hizo valer exitosamente su auto-determinación frente a una economía política explotador a través de la conversión al cristianismo evangélico. Una separación cultural revolucionaria de la corriente principal creó una vibrante subcultura que ponía énfasis en la hermandad y proporcionó sentido a los adherentes, permitiéndoles aprovechar de oportunidades locales para imponer una realidad social más igualitaria. Aunque fueron particulares a las condiciones de este pueblo, estas experiencias anuncian posibilidades más extensas de cambio social a través de combinaciones novedosas de prácticas culturales y asuntos políticos.
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