Abstract
El afianzamiento de las teorías y marcos explicativos que, desde la ciencia psicológica, defienden la idea de que el desarrollo humano se encuentra culturalmente mediado ha conducido a prestar atención, tanto en el ámbito de la investigación como en el de la elaboración teórica y el de la intervención, a los “contextos” en que dicho desarrollo se lleva a cabo. Entre ellos, la familia y la escuela aparecen como particularmente importantes, pues constituyen los primeros contextos de desarrollo del individuo, aquellos en los que a la vez que se apropia de los rudimentos de la cultura de su grupo, crece y se socializa. El artículo argumenta el potencial educativo de ambos contextos y de su acción coordinada; analiza algunas de las causas por las que el entendimiento mutuo a veces se dificulta y señala algunos de los ámbitos de actuación prioritaria para alcanzar una acción educativa eficaz.
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