Abstract
El sentido de dedicar un dossier de CL&E a una corriente que emerge con tanta fuerza en el mundo educativo de EEUU, no proviene sólo del interés que puedan despertar las modas del país en cuyos escaparates buscamos especialmente—y acriticamente a veces—las novedades. El movimiento del LI y el intenso debate que lo acompaña no sólo hablan de sus virtudes, sino también de las debilidades de los procedimientos clásicos y muy escolaristas de enseñar a leer y escribir y de usar el lenguaje en la escuela. Una revisión de lo que puede ofrecer y lo que no, nos servirá pues, tanto para hacer un balance del LI, como de los modelos a los que éste se enfrenta.
En este artículo se repasan algunas de las críticas que desde la teoría histórico-cultural cabe hacerse tanto a los presupuestos de la perspectiva del Lenguaje Integrado, como a los de algunos de sus detractores. Se proponen algunos principios evaluadores que, sin dejar de tomar en cuenta la «filosofía» que preside el movimiento del lenguaje integrado, puedan aportar lo que sus detractores echan en falta; principios explicativos y procedurales en el proceso de enseñanza de la lectoescritura.
Get full access to this article
View all access options for this article.
