Abstract
En los últimos años el aula está convirtiéndose en uno de los escenarios favoritos de la investigación educativa. Con ello aumentan los problemas éticos y sociales y el peligro de que el educador se convierta, premeditadamente o no, en presa y víctima del investigador-depredador.
En este artículo se aborda este problema y se aportan propuestas sencillas y concretas para resolverlo de modo que la investigación contribuya a fertilizar y no a confundir el ambiente educativo.
La utilización del aula como escenario de la investigación educativa plantea una serie de consideraciones éticas. Algunas cuestiones de este tipo son la asignación a un grupo de control o un grupo experimental, las dificultades que puede traer compartir los informes con los participantes, o los conflictos que pueden surgir en la investigación en colaboración con los enseñantes. El hecho de inscribirse dentro de una perspectiva constructivista también plantea dilemas éticos. En definitiva, cuando se plantea un problema ético es importante no perjudicar a los participantes en el estudio y que prime su bienestar. Se describen una serie de precauciones para evitar prácticas carentes de ética.
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