Abstract
La revisión que se hace aquí de toda una serie de limitaciones y de errores habituales en la evaluación educativa ayudará sin duda a los lectores a tomar conciencia del problema y, como propone el autor, a concebir la evaluación más como un método para posibilitar oportunidades que como vía para establecer categorías.
En la evaluación educativa hay una serie de errores que se cometen habitualmente. Por ejemplo, muchas de las evaluaciones suelen estar sesgadas por las primeras impresiones. Nuestros juicios están sometidos a sesgos de negatividad y de confirmación (informaciones ocasionales distorsionan nuestra evaluación) y a sesgos de categorías (el contenido estereotípico de la categoría donde situamos a una persona influye en nuestra evaluación). Otra limitación es la selección de los criterios de medida (qué evaluar y cómo). Además es probable que nuestros criterios de evaluación no coincidan con los del estudiante.
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