Abstract
Pasar de una cultura nacional cerrada en sí misma—incluso contraria a su propia diversidad—a formar parte del experimento cultural europeo, requiere que actualicemos nuestros esquemas de comprensión. Estamos viviendo, como ciudadanos, pero más aún como educadores y como estudiantes, uno de los procesos más interesantes del diseño cultural de la historia del planeta, en todo caso del continente. Y la ecuación cultura = lenguaje parece la clave del invento. Sin embargo, Miguel Siguán analiza y resume con claridad la situación de partida y nos subraya la pobreza de nuestro soporte educativo ante el desafío del plurilingüismo.
En este artículo se analiza el papel de la enseñanza de las lenguas en una Europa en proceso de unificación. Excepto algunas experiencias, la enseñanza de segundas lenguas ha sido insatisfactoria en todos los países europeos, y el autor expone las causas de esta insatisfacción. Los sistemas educativos tendrán que reorganizarse para poder enfrentarse al mosaico lingüístico europeo y deberán ser capaces de afrontar tres problemáticas: la adquisición de lenguas extranjeras, la política lingüística en los estados plurilingües y la adquisición de la lengua del país por parte de los inmigrantes extraeuropeos.
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