Abstract
El ordenador, el avance tecnológico más significativo para el tratamiento de la información, se está convirtiendo rápidamente en una herramienta importante para la persona letrada*. El libro, instrumento también significativo en la comunicación y el pensamiento, ha sido el centro de la enseñanza formal durante mucho tiempo. En este artículo se explora el papel de la escuela en el fomento de la literalidad y se profundiza sobre las lecciones que deben aprenderse de la larga historia de la enseñanza de la lectura.
El libro ha sido tradicionalmente el centro de la enseñanza formal y se considera “letrada” a aquella persona que lee, escribe, y es capaz de sacar información de los libros. La “literidad” es en este sentido la capacidad de trabajar con ideas en contextos descontextualizados, la comprensión y consciencia de las estrategias que utilizamos en el uso del lenguaje oral o escrito. Los ordenadores van abriéndose camino en las escuelas cada vez más rápidamente, y con ello el concepto de literidad se amplía a la informática. La escuela deberá formar personas informáticamente letradas y en este proceso el profesor será una pieza clave. El niño será letrado en el ordenador cuando pueda trabajar inteligentemente con este tipo de máquinas.
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