Abstract
Tal vez temas como la motivación del alumno o la mejora del ambiente de trabajo sean relativamente sutiles, pero son extremadamente importantes. Si a la hora de plantear una reforma no les prestamos atención, si no trabajamos para mejorar el contexto en el que tiene lugar la enseñanza de la lectura, gran parte de nuestros conocimientos, técnicas, pruebas y tests acabarán por reforzar los viejos esquemas de comportamiento y, a largo plazo, todo seguirá igual.
Mejorar la enseñanza de la lectura no sólo incluye el empleo de nuevas técnicas pedagógicas, sino que es también necesario cambiar alguna de las aptitudes sobre la lectura. Para ello habrá que modificar tres aspectos del clima en que el proceso de enseñanza tiene lugar: cambiar la concepción reduccionista de la lectura, que reduce los objetivos de la instrucción lectora a metas sencillas y de medición poco costosa; la concepción de la lectura como actividad competitiva, que contribuye al desarrollo del fracaso pasivo; y el anquilosamiento de los profesores, convertidos a veces en meros administradores de material pedagógico, que puede llegar a mecanizar la enseñanza de la lectura.
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