Abstract
Varios autores, por medio de estudios de carácter estadístico y de observación clínica, ponen de manifiesto que el niño ciego (por regla general) sufre durante su desarrollo un enlentecimiento en la adquisición de algunas conductas elementales.
Este retardo posiblemente sea debido a que la ausencia de visión implica el menoscabo de dos factores importantes para su desarrollo cognoscitivo: la dificultad para la imitación motriz espontánea y una relativa ausencia de motivación hacia el mundo exterior.
Dichos obstáculos, si no son debidamente compensados y orientados a la vez que se respetan las tendencias del niño, pueden acarrear una serie de déficits, sobre todo en las siguientes conductas: el desarrollo psicomotor, la capacidad de percepción del espacio, la autonomía personal y el lenguaje, dotándolo de contenidos «verbalistas» (conceptos no basados en conocimientos directos).
En consecuencia, se aboga por un sistema de educación y orientación (en un sentido amplio) al niño ciego y a su familia que potencie al máximo las capacidades del pequeño y apoye a la familia en la comprensión de la problemática planteada por el niño.
Get full access to this article
View all access options for this article.
