Abstract
En este trabajo se intenta analizar la complejidad e importancia social del fracaso escolar, y cómo tradicionalmente tanto el niño, los padres y el docente han representado la causa de este “fracaso”: como dificultades propias del individuo. La autora se replantea la propia definición del fracaso escolar y distingue entre fracaso escolar en su definición institucional, y fracaso en el aprendizaje. En el primer caso las causas de este fracaso se deben en gran parte a exigencias institucionales o político-económicas. La escuela ejerce una función selectiva y diferenciadora mediante diferentes mecanismos y procedimientos que se detallan y frente a esto se plantea la democratización de las oportunidades de acceso a los estudios. En el segundo caso se pone en tela de juicio los métodos de evaluación de lo aprendido por el individuo. Finalmente se plantea el acto de enseñanza como un acto social interactivo de comunicación, en el que culpar a uno u otro no tiene sentido. Tal dinámica elevaría la calidad de la intervención educativa y no tendría consecuencias sociales tan graves.
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