Abstract
Este estudio tiene como finalidad, en primer lugar, analizar la contribución de las bandas de música al fomento de la educación musical en un país, España, donde, por desgracia, ésta se ha menospreciado tanto. Posteriormente, abordamos una historia inédita de la Banda Municipal de Málaga en la que destacamos, más que su papel amenizando actos públicos, su labor en el fomento de la enseñanza de la música. Esa vertiente formativa se consolida a raíz de la creación de la Academia de Educandos por el Reglamento de 1913, siendo, precisamente, uno de los objetivos fundamentales del presente trabajo el estudio de aquella con respecto a su organización docente, enseñanzas que impartía y papel que desempeñó en la promoción social de muchos niños y niñas de clases populares de Málaga ofreciendo, en muchos casos, una salida profesional.
En este trabajo tratamos el papel desempeñado por las bandas en la popularización de la educación musical en España, no sólo por su labor difusora a través de conciertos sino, fundamentalmente, por la aportación formativa de las «Academias de Educandos». Estas instituciones educativas, surgidas al amparo de las citadas bandas, fueron en muchas ocasiones el único modo de obtener y disfrutar de una cultura musical o de adquirir la formación necesaria para ejercer la profesión de músico. En esta ocasión analizamos las peculiaridades de una de esas academias, la de la Banda Municipal de Música de Málaga, una de las más antiguas del país.
Pretendemos cubrir una laguna historiográfica, dentro de las investigaciones bandísticas a nivel nacional y andaluz, partiendo del análisis de fuentes primarias como las actas capitulares de los plenos municipales, reglamentos, informes, artículos de prensa de la época…, con cuya aportación hemos podido reconstruir la historia de una institución educativa que en la actualidad cuenta con ciento sesenta y un años de historia.
Nuestro trabajo lo hemos estructurado en tres partes: una primera en la que exponemos la aportación de las bandas de música a la historia de la educación; una segunda con un breve recorrido histórico de la Banda Municipal de Málaga, desde las distintas funciones que ha desempeñado, directores y lugares en los que ofreció sus conciertos; y una tercera, en la que estudiamos la Academia de Educandos, con su evolución a lo largo de los años y aportaciones de experiencias musicales a los malagueños.
Las bandas de música y su aportación a la historia de la educación
El término banda comenzó a utilizarse hacia el siglo XVII, aplicándose éste a la concepción de grupos de músicos pertenecientes al ejército que tocaban instrumentos de viento y de percusión para animar a los soldados en la batalla (Cfr. Pérez Perazzo, 2008).
Según Gil (2011) no es hasta la segunda mitad del siglo XVIII cuando se hace referencia a este vocablo para nombrar a un conjunto de músicos, y en el Diccionario Oxford de la Música se especifica que “esta palabra se usa en nuestros días para designar un conjunto de ejecutantes de instrumentos de viento. Se la diferencia así de la orquesta […]” (Scholes, 1984, p. 155).
Las bandas pueden ser denominadas de diversas maneras dependiendo de los instrumentos que la compongan, la función que tengan (militar, civil…), estilo de música que interpreten (big-band, jazz…) o de la formación de sus componentes (profesionales, aficionados…). Según nos relata Goldman (1961), podemos considerar a la de la Guardia Nacional de París, fundada por Bernard Sarrette en 1789, como la primera banda tal y como la conocemos hoy día por su número de componentes (cuarenta y cinco), el repertorio que interpretaba y por su función.
José Franco Ribate considera que debido a una cuestión de identidad, además del apoyo estatal, el nivel de las bandas militares fue en aumento y trataron de salir del estado rudimentario en que se hallaban y siguieran los pasos de la orquesta, constituyendo conjuntos de instrumentos de viento, en los que el equilibrio y la variedad de timbres pudiera traducirse en un sentido orquestal cantante y acompañante. Pero esto sería posible solamente a medida que lo fueran permitiendo los perfeccionamientos instrumentales (Franco, 1943, p. 10).
Fue en la primera mitad del siglo XIX cuando se produjo una revolución instrumental que favoreció el desarrollo técnico de muchas agrupaciones profesionales: por ejemplo, el invento de Friedrich Blühmel (1777-1845) de la trompa con válvulas, mejorado y patentado por Heinrich Stölzel (1777-1844); la aportación de Boëhm (1794-1881) en el perfeccionamiento de la flauta traversa y del clarinete, cuyo método de fabricación y mecanismo de llaves continúan siendo empleados en la actualidad, y, por último, con la incorporación de los instrumentos creados por Adolphe Sax (1814-1894), como son las familias de los saxofones (Ayala, 2013).
En cuanto a composiciones y repertorio, fue a mediados del siglo XX cuando se produce un notable impulso en países centroeuropeos, como Holanda o Bélgica, y de Estados Unidos, gracias a compositores con un amplio conocimiento bandístico. A ellos se suman algunos compositores españoles con una dilatada producción musical, entre los que destacamos a Ferrer Ferrán, Bernardo Adam Ferrero, Mas Quiles, etc. (Pascual, 2000).
En 1819 se formó una de las primeras bandas de música en España, «Primitiva» de Liria, fundada por el franciscano Antoni Albarracín como grupo de música de instrumentos de viento (Pacheco, 2012), y a pesar del retraso vivido en el arte musical en nuestro país con respecto a otros países europeos, a lo largo del siglo XIX fueron surgiendo nuevas bandas de música por todo el territorio español.
Este retraso viene, posiblemente, de mucho tiempo atrás. Según Martínez Solaesa y Naranjo (2004), en el Barroco “se inicia un período de deterioro musical, que durará demasiado tiempo, prácticamente hasta el último tercio del siglo XIX y con unas connotaciones que no se someten, al menos aparentemente, a la lógica histórica” (p. 135). Varias son las posibles causas de este retraso, según este autor: por un lado, excesivo aferramiento a la música tradicional eclesial, “servidora de la liturgia” religiosa y, por lo tanto, no se componen óperas, suites, conciertos, sinfonías…, sino formas musicales de escasa ambición, como la tonadilla escénica o la zarzuela, y el oratorio en forma de villancico; este aislamiento también pudo deberse al rechazo de las ideas de la Ilustración que se iban expandiendo por Europa y que estaban en contra de los pensamientos absolutistas de la monarquía en España; y, finalmente, otras causas pudieron ser “el progresivo agotamiento y olvido de la tradición, tanto de nuestro legado culto del Renacimiento, como de la tradición popular civil y religiosa” o bien “la falta de personalidad, o de autenticidad de la música española en este largo período” (ibíd., p. 139).
Un factor fundamental para la aparición y crecimiento de estas bandas fue el surgimiento en el siglo XIX del asociacionismo musical en España. Esta tendencia toma fuerza con la promulgación de la Real Orden de 28 de febrero de 1839 que autorizaba el derecho a la asociación y a la reunión e impulsaba la creación de liceos y sociedades artístico–musicales (Ayala, 2013). Cortizo y Sobrino (2001) señalan la importancia de dos factores para el desarrollo del asociacionismo musical: el giro político hacia el liberalismo y, como consecuencia, la vuelta de los exiliados por el régimen absolutista, introduciendo en nuestro país modelos culturales y sociales europeos, principalmente franceses, ingleses y alemanes (Cfr. Díez, 2003).
La finalidad de estas asociaciones era cultural y pedagógica, promoviendo actividades de ocio y recreo, siendo la difusión musical el objeto central de muchas de ellas. Según comprobamos en el Almanaque Musical y de Teatros, en su primer número de 1868, las sociedades en España suman un total de 236. En definitiva, desde ciertos sectores de la burguesía se promovió el fomento de la música gracias a la instalación de zonas donde pudiera interpretarse. Así, diversas sociedades constituyeron ateneos, círculos o casinos y promocionaron los conservatorios, mientras las bandas de música ofrecían sus repertorios en plazas y glorietas, al mismo tiempo que desempeñaba una acción formativa en las «Academias de Educandos», las cuales obtuvieron una gran importancia a finales del siglo XIX y durante el siglo XX, momento en el que los conservatorios aún no se habían expandido. Estas Academias constituyeron los antecedentes directos de las escuelas de música que hoy en día conocemos, fueron los únicos centros donde se proporcionó una educación musical general y profesional.
En definitiva, éstas evolucionaron a lo largo de la historia, comenzando en sus inicios por acompañar a las festividades y eventos importantes de las ciudades y pasando a ofrecer conciertos ante el público, llegando a ser imitadoras de las orquestas sinfónicas (Cfr. Pacheco, 2012). Pero desde los últimos años del siglo XX y principios del XXI, otra actividad fundamental ha sido la didáctica, produciéndose de este modo un equilibrio entre el papel lúdico-festivo y el de aportar una enseñanza musical en la que se implican todo el mundo, tanto de forma pasiva como activa (Cfr. Rico y Rico, 2011).
Esta transformación ha implicado una mayor y mejor preparación técnica para los músicos de las bandas aficionadas, incrementándose así las posibilidades de las escuelas de educandos y aumentado en el número de profesores y músicos, horarios, clases y ensayos. La mejora de la calidad ofrecida por las bandas de música y el avance en las nuevas tecnologías ha desembocado en la demanda de grabaciones para difundir su música (Pacheco, 2012).
La implantación de las bandas de música en toda España es notable. Como pionera en el desarrollo y formación de las bandas encontramos a la Comunidad Valenciana, con cerca de 600 en la actualidad, donde algunas de ellas, sin ser profesionales, han sido premiadas tanto en España como en el extranjero (Brufal, 2008). La Comunidad Murciana, quizás por su cercanía e influencia de la anterior, también goza de una importante actividad y desarrollo bandístico, Andalucía cuenta con un número bastante amplio en todas las provincias, destacando como bandas profesionales las municipales de Sevilla, Granada o Málaga y, finalmente, en otras comunidades autónomas españolas encontramos importantes bandas de música, como las de Cataluña, Madrid, Extremadura, Castilla-La Mancha, o Galicia.
Actualmente coexisten dos formas de organización en las bandas de cornetas y tambores, las que podríamos denominar clásicas, en la que solo encontramos dichos instrumentos, y otras, las agrupaciones musicales, en las que se incluyen diversos tipos de instrumentos de viento metal para darle a las composiciones que interpretan más base armónica y más movilidad melódica. En las agrupaciones musicales la voz principal está en las trompetas, cuyo número es superior o igual al de cornetas y en la percusión llevan uno o varios platos de choque mientras que en las bandas de cornetas y tambores, no.
En las cuatro últimas décadas ha habido un boom debido “al auge imparable de la Semana Santa andaluza […] donde las bandas de música constituyen un factor clave que trae consigo una auténtica industria musical sin precedentes” (Ayala, 2013, p. 35), siendo Málaga un claro ejemplo de todo ello. Evidentemente, este auge ha supuesto un notable impulso a la educación musical popular.
En este artículo, como ya se ha comentado, es anterior incluso a la existencia de las Escuelas de Música y de los Conservatorios. Nos referimos a las mencionadas «Academias de educandos» en los SS. XIX y XX de las que hablaremos después de analizar el desarrollo de la banda municipal malagueña.
Breve historia de la Banda Municipal de Málaga y su aportación a la educación musical de la ciudad
El 20 de enero de 1859, reunido el Ayuntamiento en sesión ordinaria (figura 1) en el local de San Agustín, siendo alcalde Gaspar Díaz Zafra, se presentó la propuesta de varios profesores de música que

Acta del cabildo ordinario de veintisiete de enero de 1859. Archivo Banda Municipal de Málaga.
solicita acogerse a las protecciones del Ayuntamiento para que se considere como música municipal, ofreciéndose a concurrir gratuitamente a los actos públicos, sin gravar para nada los fondos municipales y solo que en las funciones de tabla y extraordinarias que costee la ciudad, sean servidas por ellos satisfaciéndoles la cantidad que habría de darse a otros. Oídas las explicaciones del Sr. Regidor D. Enrique Gómez acordó el Ayuntamiento acceder a los deseos de dichos interesados (Actas capitulares, 20 de enero de 1859).
En la sesión siguiente se presentó y ratificó el proyecto de Reglamento de creación, exponiéndose que “habrá una banda de música que se denominará municipal”, fijándose en un principio el número de profesores en veinticuatro. Establece como tarea la de asistir gratuitamente a los actos de ceremonia y cobrando lo que a otras podía pagarse “en las funciones públicas y de tabla que corran por cuenta del Excmo. Ayuntamiento” y en las que sólo podrá intervenir esta banda que fue concebida en principio para amenizar y participar en actos del Ayuntamiento de Málaga, principalmente festivos y protocolarios (Cfr. Reglamento, 1859)
La vida de la banda en sus orígenes no fue fácil, estuvo sometida a continuos vaivenes en función de los intereses de la política municipal del momento. Así, unos años más tarde, en 1868, se acordó retirar la subvención anual que tenía asignada, cesando así en su denominación como municipal. Hubo que esperar al año 1875, donde se volvió a solicitar la creación de la banda (cfr. Actas Capitulares, 21 de octubre de 1875), aunque no fue hasta la víspera del día de Reyes de 1877 cuando reinició su andadura. Se nombró director a Manuel Devolx y González, quien dimitió poco después al reincorporarse al ejército activo, siendo sustituido por José Fernández Márquez (Actas Capitulares, 8 de noviembre de 1877, folio (fol.) 274).
En el reglamento de 1901 ya se establece como una de las funciones prioritarias de la banda “la enseñanza académica de la misma, a cuyo efecto se creará una Academia pública”. Dicha formación se le encomienda a los músicos de primera y a los solistas que enseñaran sus respectivos instrumentos a aquellos alumnos que el director indique. En definitiva, la academia estuvo orientada a completar y fomentar el progreso artístico de los individuos de la banda, con una enseñanza gratuita, en la que sólo había que pagar derechos de matrícula y de exámenes, de lo que estaban exentos los componentes de la banda (Cfr. Reglamento de 1901, art. 33 y 34).
Volvió a desaparecer entre 1909 y 1912 por falta de presupuesto (cfr. Acta Capitulares, 18 de diciembre de 1908, folio 363) y, tras varios intentos para reorganizarla, reaparece en el año 1913 junto con una Academia de Educandos que va a ocupar un papel destacado en la educación musical malagueña 1 . Los años posteriores fueron de cierta estabilidad, y prueba de ello es la ampliación de plantilla en el Reglamento de 1927, pasando a ser cuarenta y ocho los músicos. Finalmente en el Reglamento de 1930 se vuelven a ratificar como objetivos principales “el fomento del arte musical como una de las distintas bases de cultura, amenizar los paseos públicos, dar el mayor esplendor a los actos que el Ayuntamiento determine y acompañar a éste en los oficiales que así lo acuerde o sea necesario”.
Al principio la banda tocaba en el andén central del Paseo y desde el año 1927 en el quiosco de mampostería con decoración de cerámica y sin techo (figura 2) que se construyó siendo alcalde Enrique Cano Ortega, próximo a la Cortina del Muelle, y a partir de 1960 ofreció los conciertos en el Recinto Musical Eduardo Ocón (figura 3), aunque con frecuencia también se le ha escuchado por diversos rincones de la ciudad.

Antiguo quiosco de la banda (1927). Fuente: Archivo fotográfico de la Banda Municipal de Málaga.

Recinto Eduardo Ocón. Años 60. Fuente: Archivo Fotográfico de la Banda Municipal de Málaga.
En la primera mitad del siglo XX hay que destacar la labor de directores como Isidro Belmonte, quien ganó el concurso en 1913 (Cfr. Actas Capitulares, 18 de marzo de 1913, fol. 67) y aunque en principio iba a desempeñar el puesto provisionalmente lo ocupó hasta 1930, salvo el paso entre 1927 y 1929 de Francisco Soler, músico mayor militar cuyo sentido de la disciplina hizo que dimitiera de su cargo de director a mediados de 1929 (Cfr. Actas Capitulares de 26 de Septiembre de 1929, fol. 1). En 1930 el director elegido, Eusebio Rivera, planteó algunas exigencias que no aceptó la comisión del Ayuntamiento por lo que no llegó a tomar posesión y se nombró entonces al que había quedado segundo en la prueba, Antonio Palanca.
En el año 1945 es nombrado director Perfecto Artola Prats, que desde 1931 había sido clarinete primero en la Banda Municipal. Fue uno de los directores más relevantes y que permaneció más tiempo en el cargo, hasta 1979, ocupándolo después Salvador García Sánchez (1979-1992), Antonio Sánchez Pérez (1992−2005) y Francisco Vallejo Amaro (2005 - 2018) (Monferrer, 1999, p. 108). Actualmente y desde 2018, ejerce la dirección Francisco Miguel Haro Sánchez.
Terminado este breve repaso al devenir de la banda, pasemos ahora al estudio de la Academia de Educandos, experiencia pionera de educación musical popular en la que se formaron no sólo los miembros de la banda, sino algunos malagueños que quisieron estudiar música.

Perfecto Artola dirigiendo la Banda Municipal. Fuente: Archivo fotográfico de la Banda Municipal de Málaga.
La Academia de Educandos
Tal como establecía el Reglamento de 1901, se creó una Academia de música (Cfr. Reglamento de 1901), que a partir de 1913 pasó a denominarse Academia de Educandos. Funcionaba como una escuela para preparar instrumentistas de viento y percusión, pues en el Real Conservatorio de Música María Cristina no se impartían aún enseñanzas de ese tipo de instrumentos (Del Campo, 1970, p. 47).
El Reglamento de 1901, artículo 34, especificaba que para ingresar “será necesario que el individuo o individuos que lo soliciten hagan un examen de solfeo, o bien presenten títulos que acrediten haberlo estudiado con antelación en algún Conservatorio”. El calendario escolar iba desde el uno de octubre al treinta de abril, tiempo en el que la banda casi no tenía trabajo. En cambio, de mayo a septiembre había ensayo diario ya que era la época de más obligaciones (durante los meses de verano y la feria de Málaga.
La Academia de Educandos, supuso, por tanto, una importante aportación a la educación musical malagueña. El Ayuntamiento comprendió que la afición a la música necesitaba difundirse entre las clases populares y, por ello, en el artículo 34 del mencionado Reglamento de 1913 se especificaba que dicha Academia:
Tiene por objeto dar enseñanza gratuita de solfeo y manejo de instrumentos de Banda a los alumnos pobres que soliciten el ingreso en aquella durante los plazos y forma que después se mencionarán. Estos alumnos una vez en condiciones de formar parte de la Banda ingresarán en la misma en calidad de meritorios, no disfrutarán haber alguno durante el primer año, pero en los sucesivos ocuparán plazas retribuidas, según sus adelantos, aptitudes y comportamiento.
El profesorado, según los artículos 35 y 36 del mencionado Reglamento, estaría compuesto por “un Director, cuyo cargo desempeñará el que lo sea de la Banda, un profesor de solfeo, un pasante o auxiliar. También prestarán su concurso a la enseñanza en la Academia, el subdirector y solistas de la Banda, cuando las necesidades de las clases lo reclamen a juicio del Director”.
Comenzó a funcionar el día 9 de junio de 1913 bajo la dirección de Isidro Belmonte Ferrer, con la colaboración de: un profesor de solfeo, Rafael Cabas Quiles; un pasante, Sebastián Begué Mathé, profesor de primera en la banda Municipal; y de un instructor, Ricardo Gómez Abad (Cfr. Memoria anual de la Banda, 1913).
Contó inicialmente con treinta y un alumnos, aunque según el Reglamento de 1913 el número máximo era de cuarenta alumnos y la edad mínima para entrar era de once, entre los que había varios hijos de profesores de la banda. El alumnado recibía dos horas de enseñanza diaria durante todo el año¸ excepto del 20 de diciembre al 10 de enero, de Teoría Musical y Solfeo, utilizando el Método de Solfeo de Hilarión Eslava
2
. Las enseñanzas se estructuraron en tres secciones y una especial:
La primera a cargo del profesor de solfeo D. Rafael Cabas, encargado de la enseñanza de los alumnos más aventajados. La segunda al frente el pasante D. Sebastián Begué Mathe, que da las clases de segundo y tercer año. La tercera a cargo del instructor D. Ricardo Gómez Abad, que tiene a su cuidado la clase de primera parte del método. Y la especial que funciona a las órdenes del Director D. Isidro Belmonte quien da enseñanza de instrumental a los meritorios (Cfr. Memoria anual de la Banda, 1913).
El director asignaba los instrumentos a los alumnos dependiendo de las condiciones y aptitudes de éstos y, cuando él lo consideraba oportuno, pasaban a formar parte de la banda en condición de «meritorio». Para cubrir las vacantes de Banda tenían preferencia los meritorios procedentes de la Academia.
En el año 1915 esta institución estaba totalmente arraigada, con los profesores Isidro Belmonte Ferrer, director de la Banda Municipal, Fermín Canseco Pérez, profesor de solfeo, y Sebastián Begué Mathé auxiliar de los anteriores. Se superaba el número previsto en el Reglamento de 1913 de cuarenta alumnos, con un total de sesenta y dos distribuidos del siguiente modo: doce en el primer grupo, dieciocho en el segundo, veintitrés en el tercer y nueve meritorios (Cfr. Memoria Anual de la Banda, 1915).
Se ingresaba por el tercer grupo, donde se enseñaba unas nociones preliminares de solfeo, teoría de la música y la primera parte del método de solfeo, que seguía siendo el de Hilarión Eslava. Los que superaban este nivel pasan al segundo grupo, donde se repasaban las enseñanzas adquiridas y se ampliaba con la segunda parte del referido Método Eslava, pasando al primer grupo, en el que después de perfeccionar la formación recibida en el segundo y tercero, tomaban enseñanza del método de solfeo en su tercera parte y aprendizaje de un instrumento (aquél que a juicio del director requiriera las condiciones individuales del alumno) y, por último, una vez en condiciones de tocar el instrumento, ingresaban en la Banda en calidad de meritorio, sin retribución, y con la obligación de proseguir sus estudios en la Academia de Educandos. Junto al mencionado método de solfeo de Hilarión Eslava, para la teoría musical se usó el libro del músico malagueño José Cabas Galván y para las clases de instrumentos, los métodos del autor francés G. Parés. Las clases eran diarias, de cinco a siete de la tarde.
En los Reglamentos de 1927 y 1930 la Academia continuó con las mismas condiciones, excepto que para ingresar la edad mínima exigida era de catorce años y que al finalizar el curso se daban papeletas con las calificaciones de cada alumno, pudiendo ser éstas de suspenso, aprobado o sobresaliente. En definitiva, a lo largo de la primera mitad del siglo XX la Academia desempeñó una función profesionalizadora y fruto de ello fue la incorporación de alumnos de ésta como educandos o meritorios a la Banda Municipal, paso previo para ir ascendiendo a músico de quinta, de cuarta.…Obviamente la formación tenía como objetivo completar y fomentar el progreso artístico de los componentes de la banda, pero, además, con este centro se abrieron los estudios de música a las clases más populares, pues, como ya se comentó, la enseñanza era gratuita y sólo había que pagar derechos de matrícula y de exámenes, de lo cual estaban exentos los componentes de la banda.
Otro aspecto interesante de esta iniciativa socio-educativa fue que sirvió de arrastre para que en Málaga capital aparecieran otras experiencias en pro de la formación musical, cuando ésta era algo puramente testimonial en el sistema educativo. Un personaje que tuvo especial relevancia en esta tarea fue el músico Perfecto Artola Prats 3 (1904−1992), quien se implicó en diversas propuestas en favor de la difusión y formación musical, destacando especialmente su papel en la fundación y promoción de agrupaciones bandísticas como la de las Escuelas del Ave María de Málaga (Cfr. Sanchidrián, 2009), en la que dirigirá durante una década (1945–1955) a jóvenes de dichas escuelas.
Durante esos años, la Banda Municipal se estuvo nutriendo de educandos procedentes de las mencionadas escuelas, hasta que en el año 1979 tomó el relevo en esta cuestión la Banda Juvenil de Música Miraflores y Gibraljaire, creada en 1975, como escuela de música y puente hacia aquella. En definitiva, la Escuela de Educandos fue cediendo su puesto a otras instituciones que desempeñaron su labor. A mediados de 1987 se comenzó a gestar por fin un nuevo Reglamento de Educandos que desde el Área de Cultura se le envió al Director de la Banda Municipal solicitándole manifestara sus sugerencias para las pruebas de acceso de educandos. En el documento de respuesta, éste propuso que la prueba podría consistir en un breve examen: la interpretación de una obra de mediana dificultad y otra a primera vista. También opina que la edad mínima debería ser dieciséis años. A los anteriores requisitos se le añaden dos que son el nivel de estudios y una valoración del historial académico y currículum personal. Finalmente, el año 1992 pasó a ocupar el puesto de Director de la Banda Municipal Antonio Sánchez Pérez, año en que se redactó un nuevo Reglamento de Educandos, en el que se detallaron los derechos y obligaciones de éstos, así como la forma de adquirir o perder la condición de educando.
A modo de epílogo
Con este estudio nos hemos adentrado en un campo historiográfico-educativo poco investigado hasta el momento. En concreto profundizamos en la contribución de las bandas de música al fomento del interés por la música en un país donde la educación de ésta se ha menospreciado tanto. Inicialmente, hemos aportado algunas conceptualizaciones básicas del fenómeno bandístico y, posteriormente, nos hemos centrado en su implantación. También hemos mencionado el notable incremento de las últimas décadas favorecido, especialmente en Andalucía, por la pujanza de la Semana Santa.
Hemos descubierto una historia inédita de la Banda Municipal de Música de Málaga, cuyos inicios fueron bastante inciertos debido al escaso interés de las políticas municipales por su mantenimiento. Así, por ejemplo, durante los períodos 1868–1875 y 1909–1912 desapareció por falta de partida presupuestaria. Se reguló su funcionamiento por una serie de reglamentos en los que se especificaban cuáles eran sus principales funciones: acompañar al Excmo. Ayuntamiento en todos los actos oficiales, amenizar los paseos públicos y fomentar la enseñanza académica de la música. Esa vertiente formativa se consolida a raíz de la creación de la Academia de Educandos por el Reglamento de 1913. Precisamente, el estudio de la misma con respecto a la organización docente, enseñanzas que impartía y papel que desempeñó en la educación musical de las clases populares malagueñas ha sido uno de los objetivos fundamentales de este trabajo.
A mediados del S. XX la Academia de Educandos va perdiendo relevancia debido, posiblemente, al hecho de que el maestro Artola es director de la Banda Municipal a la vez que de la Banda de Música de las Escuelas del Ave María, y ésta pasa a ser escuela de aquella, desarrollando una labor social a través de la educación musical que permitió y ofreció herramientas de promoción social a muchos niños de clases populares de la Málaga de los cincuenta. Esta conexión externa se produce también desde la creación (1975) de la Banda Juvenil de Música Miraflores y Gibraljaire, que en la actualidad aporta veintitrés componentes de los cuarenta que hay en la plantilla de la Banda Municipal.
En síntesis, con este trabajo descubrimos cómo las bandas de música se presentan como uno de los precedentes en la creación de los Conservatorios en España, asomando como espacios educadores de difusión musical en lugares recónditos donde sin su existencia muchas personas no hubieran tenido la posibilidad de acceder a una educación musical.
Footnotes
Notas
Fuentes primarias consultadas
Actas Capitulares, Archivo Municipal de Málaga (AMM), tomo 256, folio (fol.) 17, sesión de 20 de enero de 1859; tomo 256, fol. 22, sesión de 27 de enero de 1859; tomo 273, folio 310 vº, sesión de 21 de octubre de 1875; fol. 274, 8 de noviembre de 1877; tomo 306, fol. 363, sesión de 18 de diciembre de 1908; tomo 311, fol. 67, sesión de 18 de marzo de 1913; tomo 328, fol. 1, sesión de 26 de septiembre de 1929.
Almanaque Musical y de Teatros. (1868). Estadística Musical, 87-89. Disponible en
&name=Almanaque+musical+y+de+teatros.+1868.
Ayuntamiento de Málaga Reglamento para la Banda de Música Municipal. Establecimiento tipográfico de D. Fernando Carreras, Málaga, 1859.
Ayuntamiento de Málaga Reglamento para la organización definitiva de la Banda Municipal de Música de Málaga, creación de la Academia de la misma y de su Caja Especial de Fondos. Tipografía de la Vda. E Hijos de J. Giral, Málaga, 1901.
Ayuntamiento de Málaga Reglamento para el régimen de la Banda Municipal de Música, Academia de Educandos y su Caja Especial de Fondos. Tipografía V. Giral, Málaga, 1930.
Ayuntamiento de Málaga (1913). Memoria anual de la Banda Municipal de Música. AMM, legajo 2095.
Ayuntamiento de Málaga (1915). Memoria anual de la Banda Municipal de Música. AMM, legajo 2095.
Ayuntamiento de Málaga (1916). Memoria anual de la Banda Municipal de Música. AMM, legajo 2095.
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