Abstract
Three main ideological positions are behind the debate over current changes in Cuba: the statist position, which seeks to perfect a top-down, state socialism; the economicist position, which defends market socialism; and the self-managementist position, which favors democratic socialism and worker participation in company decision making. These visions largely coincide in maintaining that Cuba’s main long-term goal should be a more just society, liberated from economic hardship, but they differ markedly in the way they understand justice and freedom and thus socialism. Consequently, different Cubans tend to set different short- and medium-term goals and to propose different means for reaching them. All three make legitimate points that need to be considered in the making of strategic decisions. However, pursuing more democracy would appear more desirable than conferring inordinate power on state functionaries who pledge to represent the interests of society or on resourceful economic actors who direct from the shadows an “invisible hand” that affects us all.
Tres principales posiciones ideológicas están detrás del debate sobre cambios contemporáneos en Cuba: la posición estadista, la cual busca perfeccionar un socialismo del Estado de arriba para abajo; la posición economicista, que defiende el socialismo de mercado; y la posición autogestionaria, que favorece el socialismo democrático y la participación de los trabajadores en las decisiones empresariales. Estas visiones coinciden en gran parte en mantener que el objetivo de largo plazo debería ser una sociedad más justa, liberada de apuros económicos. Pero se distinguen marcadamente en el modo en que se entiende la justicia y la libertad y por ende el socialismo. Por consiguiente distintos cubanos tienden a establecer diferentes metas de corto y mediano plazo, y a proponer diferentes caminos para llegar allí. Todos los tres hacen puntos legítimos que se tienen que considerar en la elaboración de decisiones estratégicas. Sin embargo, la búsqueda de más democracia parecería ser más deseable que el conferir poderes desproporcionados a funcionarios del Estado quienes prometen representar los intereses de la sociedad, o ponerlo en manos de actores económicos hábiles quienes dirigen desde las sombras la “mano invisible” que nos afecta a todos.
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