Abstract
Two decades after the transition to a civilian-elected regime, Chilean labor remains unable to stem its downward spiral. Declining unionization rates, shrinking average size of unions, wage increases below productivity gains, increased female labor force participation in low-wage and low-status jobs, and a dwindling number of workers participating in collective bargaining all attest to the paltry benefits obtained so far by workers and trade unionists from Chile’s acclaimed negotiated transition to democracy. The triumph of the right-wing billionaire Sebastián Piñera in the January 2010 presidential elections heralds a renewed capitalist offensive against the working class in that the government promises to attack weak economic growth rates and declining labor productivity with increased labor flexibility, further privatization, and the dissemination of a “culture of entrepreneurship” among Chile’s poor. To overcome its crisis, Chilean labor must enact a paradigm shift involving at the very least the incorporation of a gendered perspective. This would allow labor leaders to recognize that women’s paid and unpaid labor has become central to the continued expansion of the current regime of capitalist accumulation and that this reality must be placed at the core of more effective organizing strategies.
Dos décadas desde que ocurre la transición a un régimen electo por civiles, el sindicalismo chileno permanece incapaz de frenar su espiral hacia abajo. El decline del nivel de sindicalización, el encogimiento del tamaño del promedio de los sindicatos, las alzas en el trabajo asalariado por debajo del avance en la productividad, el incremento de mano de obra femenil en trabajos de mal pago y de estatus bajo, y un disminuyo en el numero de trabajadores participantes en negociación colectiva, todos atestiguan cuan ínfimos han sido los beneficios que se han obtenido hasta la fecha por trabajadores y sindicalistas de la aclamada transición negociada hacia le democracia en Chile. El triunfo del multimillonario derechista Sebastián Piñera en las elecciones de enero de 2010 anuncia el recrudecimiento de la ofensiva capitalista en contra de la clase obrera en lo que el gobierno promete en atacar bajas tazas de crecimiento económico y el decline en la productividad laboral con aumentos en la flexibilidad, mas privatización y la difusión de una “cultura empresarial” entre los pobres en Chile. Para superar su crisis el laborismo chileno debe poner en marcha un cambio en el paradigma que por lo menos incorpora una perspectiva de género. Esto permitiría al liderazgo laboral reconocer que el trabajo pagado y no pagado que hace la mujer se ha vuelto central en la expansión continua del actual régimen de acumulación capitalista y que esta realidad tiene que ponerse en la base de las mas efectivas estrategias de organización.
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