Abstract
La normalización es, desde hace un cuarto de siglo, el principio rector en la provisión de servicios para las personas con trastornos del desarrollo (García, 1990). Y si bien son muchos los beneficios que ha reportado (Thompson y McEvoy, 1992), se han puesto de manifiesto sus efectos negativos para las personas con trastornos del desarrollo y sus familias (Mesibov, 1990) al utilizarse como fin y no como medio. La normalización se asemeja al símil de la escolarización obligatoria, que responde a la cuestión de la cantidad. Pero falta el reto de la calidad: ¿qué respuesta se da tras la escolarización? En este sentido, el enfoque sociohistóricocultural puede contribuir a aportar una alternativa e ir más allá del concepto de normalización. Las personas con trastornos del desarrollo precisan el desarrollo de instrumentos de mediación alternativos —re-mediación—y en contextos habituales —comunicación no-vocal, facilitada, lenguaje natural…—, dentro de microentornos diversos en donde se implementan vehículos diversos. Los conceptos de vehículo e instrumento de mediación pueden promover un punto de encuentro teórico sobre la dirección futura de la acción superando los efectos negativos de la normalización.
Get full access to this article
View all access options for this article.
