Abstract
En este artículo la autora reflexiona, a partir de las críticas de Emilio Sánchez, sobre lo que considera las aportaciones fundamentales del lenguaje integrado. Quizás muchas de las críticas que este movimiento ha recibido desde la psicología proceden de que no siempre lo que se ha generado en las aulas puede ser justificado o comprendido desde el laboratorio. Se mantiene, por otra parte, que si bien los presupuestos que acepta el lenguaje integrado chocan con algunos de la psicología cognitiva, otros modelos pueden aportar una fundamentación teórica a muchas de las prácticas que adoptan los profesores y profesoras que trabajan asumiendo esa perspectiva.
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