Abstract
Los comentarios que se realizan en este artículo parten de la constatación, puesta de manifiesto en el texto que los provoca, de que incluso cuando se dispone de instrumentos conceptuales potentes y relevantes para la práctica educativa, resulta muy complicado modificarla. Se considera que, entre otras razones, esta dificultad se vincula con el carácter de las propuestas que se desprenden de la investigación y su potencialidad para promover cambios en la enseñanza. Se discute que los resultados o conclusiones de una investigación educativa puedan tener una aplicación “directa y sencilla” a las situaciones de enseñanza y aprendizaje, y se propone partir de un análisis más genuino de la práctica educativa, que incorpore no sólo el punto de vista y la perspectiva del investigador, sino también la de los propios profesores, así como las características específicas de las situaciones sobre las que se quiere incidir. Ello supone un uso menos prescriptivo del conocimiento psicológico, a la vez que reivindica su potencial como instrumento de análisis para la práctica educativa, para su comprensión y eventual optimización.
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