Abstract
Este artículo examina las razones que condujeron al gobierno español a establecer una negociación con ETA durante los años 2006 y 2007. Para ello, la organización terrorista declaró una tregua que se concibió como un repliegue estratégico destinado a facilitar su fortalecimiento en los planos humano, logístico, financiero y político. Asimismo, puso sobre la mesa negociadora su exigencia de independencia para los vascos. La negociación se desarrolló en un clima de violencia creciente que se expresó en el terrorismo callejero, la extorsión a los empresarios y las acciones logísticas. El gobierno no pudo satisfacer las exigencias de ETA a pesar de haber aceptado entrar en el contenido político de la negociación. Como consecuencia, la política de negociación fracasó y ETA reanudó su campaña de atentados.
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