Abstract
Desarrollamos un marco de análisis funcionalista de las actividades colectivas de recuerdo, incluyendo el compartir social de las emociones y la participación en ceremonias y rituales, basado en el texto clásico de Durk-heim “Las formas elementales de la vida religiosa”. Las formas colectivas de afrontamiento de las emociones son funcionales porque refuerzan la auto-estima y la afectividad positiva, ayudan a la integración social interpersonal, sirven de soporte a la cohesión social y fortalecen las creencias sociales, mediante el aumento de las emociones compartidas y la percepción de similaridad con otros. Este texto sintetiza una serie de estudios que confirman el modelo neo-durkheimiano: las personas que participaron más en manifestaciones una semana después del 11-M, informaban a las tres semanas de mayor apoyo social subjetivo, menor soledad, más afectividad positiva y mejor auto-concepto, confirmando que los rituales refuerzan la integración social interpersonal. También se confirmó que los rituales fortalecen las creencias sociales positivas: la participación en rituales reforzaba el acuerdo con los beneficios personales, interpersonales y sociales de la reacción al trauma. Altos niveles de participación en manifestaciones predijeron a los dos meses un clima social positivo, confirmando que los rituales refuerzan la cohesión social.
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