Abstract
Mis comentarios al artículo central de este Dossier se articulan en torno a la existencia de numerosas variables psicosociales de las que depende el hallazgo o no de diferencias en los estilos de liderazgo de hombres y mujeres, más que del simple hecho de pertenecer a uno u otro sexo. Se destaca la inadecuación del enfoque categorial y diferencialista adoptado tanto por los autores que apelan a la posible carencia de las características necesarias para desempeñar una función directiva, como a los que tratan de mostrar que las mujeres no tienen esas características, sino otras cualidades, incluso mejores, que las dotan para ser líderes eficaces. La adopción de este enfoque produce en gran medida las diferencias que se encuentran, más que ser un reflejo de diferencias reales. Mi argumentación gira en torno a dos ideas diferentes. Por una parte, si existen o no diferencias entre hombres y mujeres en el desempeño del liderazgo. Por otra parte, en caso de que las haya, cuál es el origen de esas diferencias. Mis conclusiones sobre la relación entre liderazgo y género se centran en tres puntos: hombres y mujeres están igual de capacitados para desempeñar roles de liderazgo, algunos hombres y algunas mujeres desempeñarán bien ciertos roles y mal otros y, finalmente, el importante papel que ejercen las creencias en la evaluación y juicios sobre el liderazgo.
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