Abstract
Aunque algunas acciones humanas son disparadas de forma directa por factores ajenos a la voluntad del individuo, y todas están condicionadas en alguna medida por circunstancias externas, comünmente se considera que la mayoría de ellas responden finalmente a una decisión deliberada: las personas valoran las opciones disponibles en cada situación y eligen su modo de proceder de forma libre. Aquí sostenemos que también las conductas deliberadas, aun cuando impliquen complejos mecanismos psicológicos, en el fondo están inexorablemente causadas por la interacción genética-ambiente (iGxA), de la que depende el sistema nervioso central y, como consecuencia, también los afectos, motivaciones y funciones cognitivas que regulan toda nuestra actividad. En este sentido, consideramos que el funcionamiento de la conducta humana, como el de cualquier otra parcela de la naturaleza, responde a un principio determinista. Tratamos de ilustrar este planteamiento en el ámbito de las acciones criminales (sin duda, un ejemplo de actuación deliberada), en las que inciden diferentes factores genéticos y ambientales y, sobre todo, la interacción de sus combinaciones adversas. No obstante, eso no suprime la responsabilidad del delincuente, por cuánto la responsabilidad es un mecanismo social utilizado para modificar su ambiente y, de esa forma, combatir los comportamientos inaceptables para el grupo.
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