Abstract
Este artículo examina los fundamentos de la percepción de la simultaneidad y la sucesión, del movimiento y del cambio, considerándolos como las bases sobre las que se construye la noción de tiempo. El tiempo no se percibe de forma directa, sino que su presencia es consecuencia de la constitución mutua de las nociones de permanencia y cambio. Sin la función simbólica resulta imposible concebir las nociones de pasado, presente y futuro, y el tiempo de la larga duración y de la historia. Es la acción, mediada instrumental y semióticamente, la que crea las unidades de medida que permiten conectar el tiempo vivido con el tiempo medido.
Get full access to this article
View all access options for this article.
