Abstract
Frente a la visión tradicional que sostiene la existencia de claves conductuales discretas a que atender en la detección de la mentira, válidas para juzgar la conducta de cualquier emisor, algunos autores optan por postular la existencia de señales de naturaleza idiosincrásica. Ello se basa en los estudios que muestran una mayor precisión de los observadores al detectar la mentira de un emisor del que previamente se ha visto una muestra de conducta honesta. A dicha idiosincrasia Becerra, Sánchez y Carrera (1989) añaden la posibilidad de que, más que indicadores discretos, lo que permite detectar la mentira es la existencia de un patrón general expresivo en la conducta del emisor, que se percibiría alterado cuando éste miente. Replicamos parcialmente su estudio con nuestros propios datos, concluyendo que: (a) la precisión al juzgar una segunda declaración no es mayor en sujetos que previamente han visto al mismo emisor comportándose verazmente (considerando o no dicha conducta como veraz) que en aquellos que lo han visto actuando de forma engañosa; y (b) de haber un patrón general expresivo en la conducta de sujetos honestos y mentirosos, éste no se detecta por los observadores, sean éstos policías (alumnos de 2° en la Academia de Policía) o estudiantes de psicología.
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