Abstract
Aprender a leer y escribir implica, como sostiene la autora, mucho más que la simple traducción del habla al papel y viceversa. Todo un universo de cambios y posibilidades se abre, desde sus inicios, ante el sujeto que se alfabetiza. Se expone aquí cuáles son esos cambios, agrupados en tres grandes aspectos, y se defiende su presencia conjunta desde los primeros pasos de la enseñanza de la lectoescritura.
Atribuimos al resultado de la alfabetización mucho más que el dominio del alfabeto. Estas líneas son un intento de explicitar los diversos componentes implícitos en nuestra concepción actual de «ser alfabeto»: el que acentúa la importancia de dominar la escritura para resolver cuestiones prácticas, aquel que resalta su rol en el acceso a la información y a formas superiores de pensamiento y el que valoriza la virtud de lo literario. Estos componentes no forman parte sólo de la representatión cultural de los ya alfabetizados, sino también de aquellos que están en proceso y de aquellos que han quedado fuera de él. La escuela debe considerarlos en la organización de actividades y en la elección de los materiales de lectura desde los primeros pasos de la educación formal.
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