Abstract
Escribir a mano es importante. Escribir a máquina también, aunque la escuela ha ignorado esa destreza como ajena a los procesos esenciales de la lectoescritura. Pero escribir en ordenador con un procesador de textos no es ya algo que pueda ignorar la escuela a menos que pague un precio abrumadoramente mayor que el simple hecho de dejar a la mayoría de la población inerme ante los teclados mecánicos o ejerciendo un cómico tecleado con dos deditos. El procesador de textos no sólo ejecuta el nivel inferior del proceso de escribir, sino que se mueve en todos y cada uno de los niveles. Su aprendizaje y uso en la educación y en las clases de lenguas puede tener un efecto positivo en una enorme diversidad de tareas didácticas, algunas de las cuales se proponen en este artículo.
Mucho se ha teorizado sobre la capacidad del microordenador para incidir positivamente en el proceso de enseñanza/aprendizaje. Sin embargo, al descender a la práctica educativa, surge el problema de la localizaáón dél software adecuado para las necesidades concretas, más aún, un determinado programa puede no responder a las expectativas suscitadas. Un programa de ordenador demasiado «cerrado» no resultará probablemente muy interesante. En el extremo opuesto, los programas «abiertos» deben concebirse como meros instrumentos de trabajo y ser asociados a las estrategias didácticas pertinentes.
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