Abstract
El hecho de las diferencias individuales en el funcionamiento mental es una realidad. Su amplitud y naturaleza tiene unas consecuencias tan importantes en nuestra cultura que hace que la sociedad demande una forma de medir la inteligencia. No obstante algunos psicólogos opinan que los tests de inteligencia son un instrumento de medida que no representa adecuadamente un modelo formal de la dinámica de los procesos de pensamiento. Este artículo consiste en una serie de argumentos teóricos y empíricos contra la separación de los tests y las teorías cognitivas. Se piensa, en este artículo, que se pueden producir substanciales beneficios del acercamiento entre el psicólogo experimental y el psicómetra; los datos disponibles indican cómo se puede producir este acercamiento.
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