Abstract
Este artículo es una réplica a los límites que pone Valle-Inclán a la universalidad de ciertas expresiones faciales de las emociones. Se rebate que el empleo de expresiones espontáneas, la falta de entrenamiento de los jueces y la técnica de recogida de los datos sean variables relevantes en los estudios de juicios. Además, se aportan datos de trabajos omitidos en el artículo objeto de la réplica que apoyan la tesis de la universalidad de diferentes expresiones faciales de las emociones.
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