Abstract
El conocimiento de la estructura del texto discrimina a los buenos lectores de los peores. Una instrucción centrada en la estructura del texto debería facilitar la comprensión de la lectura. Se plantea una investigación cuyo objeto es ver los resultados de entrenar a los lectores menos diestros en fijar su atención en la estructura de los textos. El entrenamiento se centró en la enseñanza de la realización de diagramas de flujo utilizando las partículas como marcadores lógicos y estructurales del texto. Se demuestra que el empleo de diagramas de flujo como herramienta para buscar la estructura del texto y reconocer sus indicadores es útil y mejora las estrategias de lectura.
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