Abstract
El artículo aborda el papel del maestro, el encargado de introducir el lenguaje escrito y la lectura, en el desarrollo del lenguaje. Para ello ha de conseguir el clima adecuado mediante la estimulación lingúística conveniente con el fin de que el niño encuentre placer en la lectoescritura. Se plantea la necesidad de una intervención planificada que defina los objetivos lingúísticos y los lleve a cabo. Los programas de lenguaje deben completar la actividad de la clase y no sustituirla, adaptándose al ritmo escolar. El maestro, con la formación adecuada, debe planificar este proceso mediante la observación de la evolución de las adquisiciones lingúísticas de cada niño. Otra forma de estimular el desarrollo del lenguaje es aumentar las ocasiones de hablar con los adultos y de ser escuchados. Se propone la participación voluntaria de adultos colaboradores, la participación de los padres, y la existencia de la figura del asistente educativo o maestro que actúe de enlace con la familia.
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